Cuando las luces de la capital daban paso a la calma de la noche, una magia especial envolvía el Palacio Real de Madrid. Olvídese de las aglomeraciones de la Puerta del Sol; la Navidad de los Reyes se vivía puertas adentro, entre la pompa de la etiqueta y la calidez de las tradiciones familiares.
¿Alguna vez se ha preguntado cómo eran realmente las fiestas de la Familia Real en el Palacio de Oriente? Le invitamos a un viaje en el tiempo para descubrir los fastuosos y, a veces, sorprendentemente íntimos, rituales que definieron la Navidad en Madrid de la monarquía española.
La Nochebuena no era solo una cena, sino un acto de Estado y fe.
Si hay una tradición navideña que España debe a sus Reyes, es la del Belén.
La joya de la corona —nunca mejor dicho— era el Belén del Príncipe (hoy conocido como Belén Napolitano). Traído a España por Carlos III, este no era un simple adorno, sino una obra de arte monumental.
Dato Curioso: Montar el Belén Real requería a decenas de operarios y pasaba de ser una decoración a convertirse en una auténtica maqueta urbana con cientos de figuras y detalles asombrosos. Se ubicaba en salones especiales del Palacio, y su visita por parte de los miembros de la Familia Real era una tradición ineludible.
A diferencia de hoy, donde el 25 de diciembre tiene mucho peso, en el Palacio Real la fiesta se alargaba hasta el 6 de enero: el Día de Reyes.
Las Navidades vividas en el Palacio Real de Madrid eran un reflejo de la historia, la fe y la etiqueta de la época. Eran un tiempo de pompa y protocolo, pero también de tradiciones que daban un respiro al alma de la Corte.
Hoy, aunque la Familia Real ya no reside en el Palacio de Oriente, este sigue siendo el corazón ceremonial del país, y en cada uno de sus salones aún resuena el eco de aquellas Navidades de Reyes.